19/03/2026 - Edición Nº2661

Nacional

Política

El Gobierno avanza con eliminar las PASO, pero el rechazo crece en todo el sistema político

10:52 |La Casa Rosada empezó a darle forma a una reforma electoral que ya genera tensión antes de ingresar al Congreso. El plan del presidente Javier Milei combina dos movimientos: avanzar con la Boleta Única de Papel y eliminar las PASO. La explicación oficial gira en torno al costo del sistema, pero en el resto del arco político esa justificación no logra instalarse.



El dato central es otro. Aun sin proyecto formal, la iniciativa ya enfrenta resistencias en todos los espacios. Desde el peronismo hasta la oposición no peronista, hay una coincidencia poco frecuente: nadie está dispuesto a ceder fácilmente una herramienta que ordena la competencia interna.

 

En paralelo, empieza a moverse una variable que suele definir estas discusiones: el calendario electoral. Con antecedentes recientes de provincias que adelantaron sus comicios, los gobernadores vuelven a ocupar un rol determinante, tanto por su peso legislativo como por su capacidad de negociar tiempos y condiciones.

 

Para el oficialismo, ese frente es clave. No se trata solo de juntar votos en el Congreso, sino de construir acuerdos más amplios que incluyan estrategias electorales provinciales. Adelantar elecciones, evitar desdoblamientos masivos o coordinar fechas puede transformarse en moneda de cambio.

 

En ese tablero, las provincias dejan de ser actores secundarios. Son, en muchos casos, el punto de equilibrio que puede inclinar la balanza a favor o en contra de la reforma.

 

El argumento del costo y la desconfianza política

 

Dentro del Gobierno, el mensaje está alineado. En el entorno del ministro del Interior, Diego Santilli, insisten en que la eliminación de las PASO responde a la necesidad de reducir el gasto electoral y simplificar el sistema.

 

Sin embargo, esa explicación no logra convencer. En la práctica política, la lectura dominante es distinta y bastante más cruda. La mayoría de los espacios interpreta que el cambio apunta a modificar las reglas de juego en función de la conveniencia electoral del oficialismo.

 

Esa desconfianza condiciona todo el debate. Porque incluso quienes admiten que el sistema de primarias tiene problemas, rechazan avanzar sin una propuesta clara de reemplazo. El temor es que la eliminación termine siendo una reforma incompleta o directamente funcional a un solo sector.

 

El peronismo se ordena en la negativa

 

En el peronismo, las diferencias internas no impidieron fijar una postura común frente al tema. Las PASO son vistas como una herramienta necesaria en un contexto donde la conducción no está saldada y los liderazgos compiten en el mismo espacio.

 

Sectores cercanos a Cristina Fernández de Kirchner salieron a desmentir cualquier versión de acuerdo con el Gobierno. La definición es política: no van a acompañar una reforma que elimine una instancia que consideran clave para ordenar candidaturas.

 

El argumento no es solo coyuntural. También hay una mirada estructural: sin PASO, la toma de decisiones puede concentrarse en las cúpulas partidarias, reduciendo la participación y dejando afuera a sectores minoritarios. En un escenario de fragmentación, eso puede profundizar los conflictos en lugar de resolverlos.

 

Dudas sobre el reemplazo y temor al “aparato”

 

Incluso dentro del peronismo no alineado, donde hay críticas al funcionamiento actual de las primarias, la eliminación genera más dudas que adhesiones. La discusión no es tanto si el sistema es bueno o malo, sino qué lo reemplaza.

 

Ahí aparece el principal problema. Sin una alternativa clara, crece la sospecha de un regreso a lógicas más tradicionales, donde pesa más la estructura territorial, los recursos económicos y la capacidad de movilización.

 

En ese esquema, la competencia pierde apertura. Y la selección de candidatos queda más atada a los aparatos partidarios que a la participación ampliada de la ciudadanía.

 

Radicales y PRO también ponen límites

 

La resistencia no se limita al peronismo. En la Unión Cívica Radical hay respaldo a la Boleta Única, pero un rechazo explícito a eliminar las PASO. La posición combina una mirada institucional con una preocupación política: modernizar no puede implicar cerrar la competencia.

 

Desde el PRO, el espacio referenciado en Mauricio Macri, la postura es similar. En un contexto de reconfiguración interna, consideran que las primarias siguen siendo una herramienta útil para ordenar liderazgos y evitar rupturas dentro de los frentes.

 

Además, hay un problema operativo que atraviesa a toda la oposición. Sin PASO, la construcción de alianzas se vuelve más compleja. Integrar padrones, definir reglas internas y legitimar candidaturas sin una instancia abierta puede generar más conflictos que soluciones.

 

Una reforma que nace en disputa

 

El debate recién empieza, pero el clima ya está marcado. La discusión dejó de ser técnica y se convirtió en una disputa de poder sobre las reglas del juego electoral. En ese contexto, el Gobierno enfrenta un escenario incómodo. Impulsa una reforma ambiciosa, pero sin aliados claros y con una desconfianza extendida en todo el sistema político.

 

La iniciativa todavía no ingresó al Congreso. Pero si algo quedó claro en estas primeras reacciones, es que el camino legislativo no será sencillo. Y que cualquier intento de avanzar sin acuerdos amplios puede terminar, como otras veces, chocando con sus propios límites.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO: