Los precios internacionales del petróleo y el gas registran este jueves un nuevo salto que profundiza la tensión en los mercados financieros, en un contexto marcado por el recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente y los ataques directos a instalaciones energéticas estratégicas.
Según pudo saber Agencia Noticias Argentinas, las materias primas energéticas volvieron a revalorizarse con fuerza tras una serie de bombardeos que afectaron plantas de procesamiento de gas y petróleo en Irán y Qatar, lo que agrava la crisis de abastecimiento global.
Petróleo: subas fuertes y acumulado superior al 60% en 2026
Los dos principales índices de referencia muestran avances significativos:
Ambos acumulan más del 60% de aumento en lo que va de 2026, impulsados por la reducción de oferta derivada del bloqueo del estrecho de Ormuz, paso por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
Gas europeo: salto del 24% y valores que se duplican desde el inicio de la guerra
El precio del gas natural en el mercado holandés TTF —referencia para Europa— se dispara 24% y alcanza los 70 euros por MWh, duplicando su valor desde el comienzo del conflicto.
La suba responde a los ataques cruzados contra infraestructuras gasíferas:
Ras Laffan permanece paralizada desde el inicio de la guerra, ya que los buques de GNL no pueden atravesar Ormuz.
Mercados internacionales: caídas generalizadas
La escalada energética golpea de lleno a las bolsas europeas:
En Asia también se registran bajas:
Los analistas coinciden en que la combinación de riesgo geopolítico, interrupciones de oferta y volatilidad energética configura uno de los escenarios más tensos desde 2022.
Un conflicto que redefine el mapa energético global
La guerra ya lleva más de dos semanas y muestra un patrón creciente de ataques a infraestructura crítica. La interrupción simultánea de:
está generando un shock de oferta que presiona los precios y alimenta temores inflacionarios en las principales economías.
La pregunta que empieza a instalarse entre analistas y gobiernos es cuánto puede sostenerse este nivel de tensión sin afectar de manera estructural la seguridad energética global.