30/03/2026 - Edición Nº2672

Río Negro

Política

La renuncia de Sergio Wisky expone una crisis en unos de los minsiterios más conflictivos del Gobierno de Alberto Weretilneck

Tras la renuncia de distintos directores de hospitales, se profundiza la crisis en el sistema de salud rionegrino, una Cartera que el gobernador rionegrino no puede solucionar.



La salida del viceministro de Salud, Sergio Wisky, expone el delicado momento que atraviesa el sistema sanitario de Río Negro y obliga a reordenar la conducción política del área. Aunque su renuncia aún no fue formalizada, el propio funcionario la adelantó internamente, en una decisión que se da en paralelo a una serie de conflictos que vienen escalando en hospitales de toda la provincia. Su alejamiento no aparece como un hecho aislado, sino como la consecuencia de una gestión atravesada por tensiones operativas, reclamos salariales y dificultades estructurales.

 

Wisky había desembarcado en el equipo sanitario en agosto pasado y rápidamente asumió un rol central dentro de la cartera que conduce Demetrio Thalasselis. Su perfil técnico y experiencia previa —incluida su participación en la gestión del gobernador Ignacio Torres— lo posicionaban como una pieza clave para ordenar el sistema. Sin embargo, la acumulación de problemas y la falta de resultados concretos terminaron desgastando su continuidad.

 

Doble función, desgaste y posibles nuevos rumbos

 

Uno de los puntos críticos de su gestión fue la sobrecarga de funciones. Tras la salida de Leonardo Gil, Wisky asumió también responsabilidades operativas que excedían su rol original, incluyendo la conducción provisoria del hospital de Cipolletti. Esa situación, que debía ser transitoria, se extendió por más de dos meses sin resolución, reflejando las dificultades del Gobierno para cubrir cargos estratégicos en el sistema sanitario.

 

A ese desgaste interno se suma la posibilidad de un regreso a Chubut, donde el funcionario ya tuvo un paso relevante en la estructura sanitaria provincial. Esa alternativa, junto con el contexto conflictivo en Río Negro, habría terminado de inclinar la balanza hacia su salida. En ese marco, su renuncia deja al descubierto no solo una crisis de gestión, sino también problemas de planificación y recursos humanos dentro del área.

 

El conflicto por las horas extras y el giro del Gobierno

 

En paralelo a la renuncia, el Ministerio de Salud profundiza la revisión de las horas extras, uno de los principales focos de conflicto con el personal hospitalario. La decisión inicial de no abonar los excedentes por encima de los topes generó un fuerte rechazo en distintos centros de salud y derivó en protestas, renuncias y un clima de creciente tensión.

 

El relevamiento oficial detectó cerca de 700 agentes con cargas horarias por encima de los límites establecidos, un número que desde el Gobierno consideran desproporcionado. Sin embargo, desde los hospitales sostienen que esas horas responden a coberturas excepcionales, falta de personal y situaciones críticas que obligan a sostener servicios esenciales. Esta diferencia de criterios terminó forzando una revisión de la política inicial.

 

En los últimos días, el equipo de Salud adoptó una postura más flexible y comenzó a analizar caso por caso para determinar qué horas extras pueden justificarse. La estrategia pasó de un rechazo general a un esquema de validación individual, en un intento por descomprimir el conflicto y evitar una mayor paralización del sistema.

 

Un sistema en tensión y decisiones pendientes

 

El conflicto por las horas extras ya tuvo consecuencias concretas, como la renuncia del director del hospital de Bariloche, Víctor Parodi, y la persistencia de vacantes clave sin cubrir. A esto se suma la demora en la implementación de adicionales por funciones, una medida anunciada hace meses que buscaba justamente reducir la dependencia de las horas extras como mecanismo de compensación salarial.

 

En este contexto, la salida de Wisky se convierte en un síntoma más de un sistema en tensión, donde las soluciones estructurales siguen pendientes. El Gobierno enfrenta ahora el desafío de estabilizar la conducción política del área, resolver el conflicto salarial y garantizar el funcionamiento de los hospitales en un escenario cada vez más exigente. La crisis, lejos de cerrarse, parece entrar en una nueva etapa.