08/04/2026 - Edición Nº2681

Interés General

Avance científico

Crean neurobots con células vivas capaces de autoorganizar su “inteligencia”

09:43 |Científicos de Harvard y Tufts desarrollaron biobots con neuronas que generan redes propias y abren una nueva etapa en la robótica biológica.



La tecnología convencional ha instalado la idea de robots construidos con metal, cables y código. Sin embargo, un avance reciente redefine ese paradigma: científicos lograron desarrollar organismos vivos capaces de organizar su propio sistema de control, combinando biología y robótica en una nueva frontera.

El hallazgo corresponde a un equipo del Allen Discovery Center de la Universidad de Tufts y el Wyss Institute de Harvard, liderado por Michael Levin y Haleh Fotowat. Los investigadores crearon los primeros “neurobots”, sistemas biológicos que integran células neuronales capaces de autoensamblarse y coordinar comportamientos.

 

Cómo funcionan los neurobots y qué los hace diferentes

El punto de partida de estos organismos es el tejido de la rana Xenopus laevis. En lugar de desarrollarse como piel, estas células son reconfiguradas mediante técnicas de morfología sintética para formar estructuras completamente nuevas.

La innovación clave es la incorporación de precursores neuronales. Estas células nerviosas no son programadas externamente, sino que se organizan por sí mismas dentro del biobot, formando redes de comunicación eléctrica funcionales. Esto permite que el organismo no solo se mueva, sino que coordine su comportamiento.

Los estudios demostraron que las neuronas implantadas desarrollan conexiones sinápticas activas, generando una suerte de “lógica interna” sin intervención directa. Se trata de un tipo de inteligencia basal emergente, construida por la propia materia viva.

 

Genes visuales sin ojos y actividad eléctrica coordinada

Uno de los descubrimientos más llamativos fue que estos neurobots activan genes vinculados a la percepción visual, a pesar de no poseer ojos ni estructuras sensoriales tradicionales.

El análisis mediante secuenciación de ARN reveló que las células intentan desarrollar capacidades sensoriales incluso en entornos artificiales. Este fenómeno sugiere que la biología conserva mecanismos latentes de percepción que pueden activarse fuera de su contexto natural.

A su vez, mediante técnicas de imagen de calcio, los investigadores confirmaron que los neurobots presentan actividad eléctrica coordinada. Estas señales no son aleatorias: funcionan como impulsos que organizan el movimiento y la interacción con el entorno.

 

Un debate abierto: entre innovación tecnológica y límites éticos

El desarrollo de estos sistemas reabre una discusión que excede lo científico. En Argentina, aunque en otro plano, debates recientes sobre prácticas en instituciones —como los rituales de iniciación en clubes— también pusieron en foco los límites entre lo aceptado culturalmente y lo cuestionable desde nuevas perspectivas.

En ese sentido, así como los ritos deportivos comenzaron a revisarse por posibles dinámicas de presión o vulneración, los avances en bioingeniería invitan a reflexionar sobre los límites éticos de la manipulación de la vida. ¿Hasta dónde es legítimo diseñar organismos con funciones específicas?

Especialistas señalan que, si bien estos desarrollos tienen potencial médico —como la reparación de tejidos o la detección de enfermedades—, también requieren marcos regulatorios claros que contemplen riesgos y responsabilidades.

 

El futuro de la robótica biológica

El avance de los neurobots marca un punto de inflexión en la ciencia. Ya no se trata de máquinas que imitan la vida, sino de vida utilizada como plataforma tecnológica.

Las aplicaciones potenciales incluyen sistemas capaces de operar dentro del cuerpo humano, detectar daños y ejecutar reparaciones de manera autónoma. La plasticidad de las células y su capacidad de autoorganización abren un campo completamente nuevo para la medicina y la ingeniería.

El desafío, a partir de ahora, será comprender y eventualmente guiar estas redes biológicas. La posibilidad de “programar” sistemas vivos ya no pertenece a la ciencia ficción, sino a un horizonte científico cada vez más cercano.