La comunidad educativa de Cipolletti vivió una jornada atravesada por el miedo y la incertidumbre luego de que un alumno de segundo año de un colegio privado amenazara con protagonizar un ataque armado contra sus compañeros de colegio. La situación, que rápidamente se viralizó entre grupos de padres y estudiantes, obligó a activar protocolos de emergencia y dejó al descubierto la fragilidad de los mecanismos de prevención frente a este tipo de episodios.
El hecho ocurrió en el colegio Estación Limay, donde la dirección decidió radicar la denuncia formal apenas tomó conocimiento de las amenazas. En cuestión de minutos, el establecimiento quedó rodeado por móviles de la Policía de Río Negro, mientras decenas de familias se acercaban con urgencia para retirar a sus hijos, en medio de escenas de angustia, reclamos y falta de información clara.
La intervención de las autoridades fue inmediata. La Fiscalía, la Defensoría de Menores y la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) tomaron participación en el caso, que involucra a un estudiante de 13 años. Por su edad, el adolescente es considerado no punible, lo que limita cualquier respuesta en términos penales y traslada la responsabilidad hacia dispositivos de contención y seguimiento.
Si bien se mantuvo el hermetismo sobre los detalles del mensaje, fuentes judiciales confirmaron que se trató de una amenaza concreta que obligó a desplegar un operativo preventivo. “Se actuó con rapidez para evitar cualquier riesgo”, indicaron voceros vinculados a la investigación. El colegio fue evacuado parcialmente y permaneció bajo custodia durante varias horas, en una escena que reflejó el nivel de preocupación que generó el episodio.
El impacto fue inmediato: al día siguiente, más de la mitad del alumnado no asistió a clases. A la par, un grupo de padres se presentó en la institución para exigir explicaciones y medidas disciplinarias, mientras las autoridades escolares analizaban, junto a equipos psicopedagógicos, los pasos a seguir respecto a la continuidad del alumno involucrado.
Con el correr de las horas, el episodio sumó un elemento que lo proyectó más allá del ámbito escolar. Distintas fuentes confirmaron que el adolescente señalado sería hijo de la diputada nacional Lorena Villaverde, lo que introdujo un componente político en un hecho de por sí delicado.
La circulación de esta información intensificó la atención mediática y reconfiguró el clima alrededor del caso. En paralelo, comenzaron a trascender versiones que indican que el menor habría sido víctima de hostigamiento por parte de otros estudiantes, un dato que forma parte de las líneas de investigación pero que aún no cuenta con confirmación oficial.
El antecedente reciente de un ataque armado en una escuela de Santa Fe, donde un estudiante mató a un compañero, operó como telón de fondo y profundizó el temor entre las familias. En ese contexto, la rápida activación de protocolos buscó evitar una situación de mayor gravedad, aunque dejó expuestas tensiones latentes dentro de la comunidad educativa.
En paralelo, el nombre de Lorena Villaverde volvió a instalarse en la agenda pública. Según información de público conocimiento, la legisladora residió durante años en Cipolletti luego de haberse trasladado desde Las Grutas, donde finalizó sus estudios secundarios.
Posteriormente vivió en Estados Unidos y, tras su regreso al país, se radicó en zonas como San Isidro y Nordelta. Con el tiempo, volvió a instalarse en Cipolletti, donde consolidó su perfil público y su proyección política en la provincia de Río Negro.
En el plano familiar, se conoce que sus hijos son fruto de su relación con Carlos Eduardo Bauza. En los últimos años, su nombre también quedó vinculado a cuestionamientos por emprendimientos inmobiliarios en Las Grutas que no se habrían concretado, una situación que derivó en investigaciones y críticas públicas.
Ese recorrido, atravesado por exposiciones y controversias, es el que hoy vuelve a colocar a Villaverde en el centro de la escena, aunque esta vez por un hecho que excede la política y que interpela a toda la sociedad en torno a la violencia, la adolescencia y las responsabilidades institucionales.