Hungría atraviesa un cambio político de magnitud tras la contundente victoria de Péter Magyar, quien logró desbancar a Viktor Orbán luego de 16 años en el poder. Con el 96% de los votos escrutados, el partido Tisza obtuvo 138 escaños frente a los 54 de Fidesz, alcanzando así una “supermayoría” parlamentaria que le permitirá gobernar sin necesidad de alianzas.
La alta participación electoral, que rondó el 77,8% de los más de 7,5 millones de votantes habilitados, anticipaba un posible vuelco histórico. Se trata del nivel más alto desde la caída del comunismo y reflejó una fuerte movilización de sectores que buscaban poner fin al ciclo político liderado por Orbán.
Durante sus cuatro mandatos consecutivos, Orbán había consolidado un sistema definido por analistas como una “democracia iliberal”, con fuerte control institucional y escaso margen para la oposición. Desde 2016, además, contaba con supermayoría parlamentaria, lo que le permitió impulsar reformas estructurales sin contrapesos.
Sin embargo, el creciente descontento social y político terminó por erosionar ese modelo. “Para nosotros el resultado es doloroso, pero han dejado claro que no nos otorgan la responsabilidad de gobernar”, reconoció el propio Orbán tras conocerse los primeros resultados.
El ascenso de Magyar tiene un componente singular: hasta hace pocos años formaba parte del propio oficialismo. Su vínculo con el poder se fortaleció durante su matrimonio con Judit Varga, una figura clave del gobierno de Orbán.
Tras su divorcio, marcado por denuncias cruzadas y un fuerte impacto mediático, Magyar dio un giro político. En 2024 ganó notoriedad al difundir una grabación que sugería interferencias del gobierno en un caso de corrupción, lo que derivó en la renuncia de la entonces presidenta Katalin Novák.
A partir de ese episodio, se posicionó como el principal crítico del oficialismo y asumió el liderazgo del partido Tisza, hasta entonces una fuerza marginal, construyendo su discurso en torno a la transparencia y la lucha contra la corrupción.
El triunfo de Magyar también tiene implicancias directas en el escenario internacional. Durante años, Orbán fue considerado el principal aliado del presidente ruso Vladimir Putin dentro de la Unión Europea, bloqueando iniciativas clave de Bruselas, aunque en el último tiempo se vió más cercano a Donald Trump y Javier Milei, porque lo que abre un interrogante de relaciones diplomatica entre europeos y el nuevo presidente electo.
El nuevo líder húngaro anticipó un cambio de rumbo. “Hungría volverá a ser un miembro pleno de la Unión Europea”, aseguró, al tiempo que prometió reformas para destrabar cerca de 18.000 millones de euros en fondos retenidos por cuestionamientos al Estado de derecho.
Entre sus definiciones, también planteó una política exterior alineada con la OTAN y la posibilidad de convocar a un referéndum sobre el eventual ingreso de Ucrania al bloque europeo. En esa línea, uno de los primeros en felicitarlo fue el presidente francés Emmanuel Macron, quien destacó “la victoria de la participación democrática y el compromiso con los valores europeos”.
Con una mayoría parlamentaria inédita y un escenario interno complejo, Magyar inicia una nueva etapa que no solo redefine el rumbo de Hungría, sino que también reconfigura equilibrios dentro de Europa.