Manuel Adorni volvió a quedar expuesto, tras la difusión de nuevos detalles sobre un viaje familiar a San Carlos de Bariloche, realizado en junio de 2024, que habría demandado más de $9 millones entre pasajes, alojamiento, excursiones, comidas y otros consumos en el hotel Llao Llao.
Según la información publicada por medios nacionales, el entonces vocero presidencial se alojó junto a su familia durante cinco noches en uno de los complejos más exclusivos del país. La controversia no solo se concentra en el monto total del viaje, sino también en la forma de pago y en la relación entre esos gastos y los ingresos declarados por el funcionario en ese momento.
De acuerdo con la reconstrucción periodística, el viaje incluyó pasajes aéreos por $1.737.432, una factura de alojamiento por $4.931.993,97 y otros $2.435.344 en excursiones, comidas, servicios y consumos dentro del complejo hotelero. En total, la escapada familiar habría ascendido a $9.104.769,97.
La familia se habría alojado en habitaciones Studio Lago Moreno de Lujo, una de las categorías superiores del Llao Llao Hotel & Resort Golf-Spa, ubicado frente al lago Nahuel Huapi. El dato tomó mayor relevancia porque, al momento del viaje, Adorni percibía un salario neto inferior a los $3 millones mensuales como vocero presidencial.
Uno de los aspectos que más ruido generó fue la supuesta demora en la cancelación de los gastos. Según las versiones difundidas, la cuenta no habría sido abonada al momento del check-out, sino varios meses después mediante transferencia bancaria.
Desde el entorno del funcionario sostienen que los gastos fueron afrontados con dinero propio. Sin embargo, la modalidad de pago quedó bajo la lupa por tratarse de una facilidad poco habitual para una estadía de esas características, en uno de los hoteles más caros del país.
El episodio se suma a otras revelaciones sobre viajes y consumos atribuidos a Adorni, que ya venían generando incomodidad dentro del oficialismo. En un contexto en el que el Gobierno busca sostener un discurso de austeridad, la aparición de gastos de lujo complica la estrategia comunicacional y vuelve a exponer tensiones internas.
La permanencia del funcionario en el gabinete también empieza a ser leída como un costo político para la Casa Rosada. Mientras el Ejecutivo intenta retomar la iniciativa después de semanas de desgaste, el caso Adorni mantiene abierto un frente incómodo para el oficialismo y alimenta los cuestionamientos opositores sobre la transparencia patrimonial de sus principales figuras.