La situación económica en la capital rionegrina ha alcanzado un punto crítico para el sector comercial, donde la combinación de una inflación persistente y una drástica pérdida del poder adquisitivo ha paralizado la actividad. La caída sostenida en las ventas minoristas ha forzado a decenas de establecimientos a reducir su plantilla de empleados para intentar sobrevivir a la crisis. Este escenario refleja una retracción del consumo que, según los referentes del sector, no tiene precedentes cercanos en la dinámica económica de la ciudad.
Desde la Cámara de Comercio de Viedma señalaron que la actividad mercantil enfrenta una "tormenta perfecta" donde los ingresos caen mientras los costos fijos se disparan. Muchos pequeños comerciantes de las calles Buenos Aires y Álvaro Barros ya no logran cubrir los costos básicos de alquiler y servicios públicos. La falta de circulante en una economía local que depende fuertemente del empleo público ha profundizado el impacto de las medidas macroeconómicas nacionales sobre el mostrador viedmense.
El relevamiento realizado por la entidad mercantil indica que la pérdida de puestos de trabajo se ha acelerado durante el primer cuatrimestre de 2026. Los rubros más afectados son indumentaria, calzado y electrodomésticos, donde la demanda se ha reducido a niveles mínimos de subsistencia. El cierre de persianas en locales históricos de la zona céntrica marca el pulso de una crisis que ya empieza a modificar la fisonomía comercial de la ciudad.
La Federación de Entidades Empresarias de Río Negro (FEERN) también manifestó su preocupación por la situación en la zona atlántica, destacando que Viedma presenta una de las mayores caídas en las ventas de toda la provincia. La falta de incentivos al consumo y la incertidumbre sobre el rumbo económico impiden que los comerciantes puedan planificar stock o inversiones, limitándose únicamente a intentar pagar salarios y deudas tributarias para evitar el colapso definitivo.
El incremento en las facturas de energía eléctrica y gas se ha convertido en el principal obstáculo para la continuidad de los negocios. Para muchos propietarios, las tarifas actuales representan un porcentaje del ingreso mensual que vuelve inviable la actividad. En este contexto, los dirigentes mercantiles insisten en la necesidad de un alivio fiscal inmediato por parte de la provincia y el municipio para evitar una mayor sangría de empleos.
Al respecto, desde la dirigencia de la Cámara de Comercio fueron contundentes al describir la gravedad del momento: "Estamos en un punto donde el comerciante ya no tiene margen para ajustar y la única salida drástica termina siendo el despido o el cierre de persianas". Esta declaración sintetiza el agotamiento de un sector que, tras meses de absorber pérdidas con ahorros propios, se encuentra hoy sin herramientas financieras para sostener la estructura de costos actuales.
Hacia adelante, el horizonte no parece despejarse. Los comerciantes locales ven con desconfianza la llegada del invierno, temporada donde históricamente el consumo de energía aumenta y las ventas de artículos no esenciales suelen estancarse. La ausencia de líneas de crédito accesibles y la elevada tasa de interés para el financiamiento con tarjetas complican cualquier posibilidad de reactivación genuina en el corto plazo.
Finalmente, se espera que en las próximas semanas se mantengan reuniones con autoridades gubernamentales para evaluar posibles moratorias o planes de pago diferenciados. El objetivo de mínima es frenar la ola de despidos y garantizar que los locales que aún resisten puedan llegar a la temporada de fin de año con sus puertas abiertas. Viedma enfrenta el desafío de sostener su motor comercial en un contexto de asfixia financiera que amenaza con profundizar el desempleo local.