10/05/2026 - Edición Nº2713

Política

Editorial

Viedma se inunda y Marcos Castro queda atrapado en su silencio

13:06 |Cada lluvia vuelve intransitables los barrios de la capital rionegrina. Vecinos aislados, escuelas vacías y desagües colapsados exponen una gestión municipal sin respuestas, mientras el intendente Marcos Castro evita confrontar con Alberto Weretilneck por fondos y obras para la ciudad.



La postal se repite cada vez que llueve en Viedma. Calles anegadas, barrios aislados y familias enteras sin poder salir de sus casas forman parte de una rutina que ya dejó de sorprender a los vecinos. Los desagües pluviales colapsan, el agua avanza sobre sectores enteros de la capital provincial y la gestión municipal de Marcos Castro aparece desbordada frente a una crisis urbana que no logra resolver desde que asumió.

Las consecuencias impactan directamente sobre la vida cotidiana. Hay chicos que no pueden asistir a las escuelas porque las calles quedan intransitables, trabajadores que pierden jornadas laborales y vecinos que denuncian abandono estructural en distintos puntos de la ciudad. La falta de planificación urbana y el deterioro de la infraestructura convierten cada temporal en un problema político para una gestión que prometía continuidad, pero quedó atrapada en la falta de resultados.

Mientras tanto, el gobierno de Alberto Weretilneck destina miles de millones de pesos mediante financiamiento internacional de la CAF para obras de asfalto en Cipolletti y Viedma, en cambio, las obras estructurales no aparecen. La sensación que crece en sectores políticos y sociales es que la capital provincial quedó relegada dentro de las prioridades del oficialismo rionegrino.

 

Una capital provincial sin respuestas estructurales

En Viedma ya no se discute solamente la magnitud de las lluvias. El problema central pasa por la ausencia de obras de fondo para evitar que la ciudad colapse con cada tormenta. Los barrios periféricos vuelven a transformarse en zonas inaccesibles y la respuesta oficial termina reducida a operativos de emergencia que llegan tarde y no modifican el problema de base.

Los cuestionamientos también apuntan a la falta de mantenimiento de los sistemas pluviales. Vecinos denuncian desagües tapados, canales abandonados y escasa presencia municipal en sectores críticos. La imagen de calles convertidas en casi lagunas y que golpea directamente sobre la gestión de Marcos Castro, que no logra construir un relato sólido frente a una problemática que ya se volvió estructural.

El desgaste político empieza a sentirse incluso dentro del propio oficialismo. La capital provincial observa cómo otras ciudades avanzan con anuncios millonarios mientras Viedma sigue esperando obras básicas de infraestructura. En ese contexto, la administración municipal aparece encerrada entre la falta de recursos y una evidente incapacidad para imponer reclamos concretos ante la Provincia.

 

La terminal eterna y el silencio frente a Weretilneck

La obra de la terminal de ómnibus se transformó en otro símbolo del estancamiento. Aunque el proyecto fue impulsado durante la gestión nacional de Alberto Fernández, en Viedma todavía continúan los anuncios y reanuncios sobre una culminación que nunca termina de concretarse. La obra sigue lejos de estar en condiciones óptimas y se convirtió en una muestra visible de la parálisis política y administrativa.

En el entorno de Marcos Castro admiten en privado que existe preocupación por la falta de recursos y por la caída de la coparticipación, uno de los reclamos que distintos intendentes rionegrinos empezaron a poner sobre la mesa. Sin embargo, el jefe comunal de Viedma evita confrontar públicamente con Alberto Weretilneck, pese a que la capital provincial podría perder cientos de millones de pesos en ese esquema de distribución.

Esa cautela política tiene una explicación interna. Como vicepresidente de Juntos Somos Río Negro, Castro quedó condicionado por la lógica de poder del oficialismo provincial. En la capital rionegrina muchos observan que el intendente prioriza mantener el aval político del presidente del bloque oficialista, Facundo López, antes que abrir una discusión fuerte en defensa de los intereses de Viedma.

 

Un intendente debilitado rumbo a 2027

Dentro del escenario político provincial, la figura de Marcos Castro atraviesa uno de sus momentos más delicados. En distintos sondeos aparece entre los intendentes con peor imagen de Río Negro y el desgaste de la gestión comienza a impactar incluso dentro de sectores cercanos al oficialismo. La falta de obras visibles y el deterioro urbano alimentan ese escenario.

Pese a eso, el intendente todavía mantiene expectativas de competir por la reelección en 2027. Sin embargo, en la política rionegrina ya empiezan a circular lecturas distintas. Hay dirigentes que consideran que Castro podría terminar atravesando una salida silenciosa y sin margen político, similar —salvando las enormes distancias— a la decisión que tomó Alberto Fernández en 2023, cuando desistió de buscar una nueva candidatura presidencial en medio del desgaste de gestión.

El problema para el jefe comunal es doble, porque no logra levantar su imagen desde la administración municipal. Por otro, su rol institucional dentro de Juntos Somos Río Negro tampoco le otorga poder real de decisión. En Viedma crece la percepción de que el intendente quedó atrapado en una estructura política donde depende del visto bueno de otros dirigentes para cada movimiento, mientras la ciudad sigue esperando respuestas que nunca llegan.