El Gobierno nacional celebró la ratificación formal de la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión impulsada por el presidente Javier Milei y anunciada oficialmente a comienzos de este año.
El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, informó a través de sus redes sociales que la Asamblea Mundial de la Salud aprobó “por consenso” el retiro de la República Argentina del organismo internacional, con efecto a partir del 17 de marzo de 2026.
Según sostuvo Quirno, la resolución representa “la culminación del proceso iniciado el año pasado” por decisión de Milei y confirma la “efectividad jurídica” del retiro argentino.
El mensaje fue compartido por el Presidente, que desde hace tiempo cuestiona el rol de la OMS, especialmente por su actuación durante la pandemia de coronavirus y por las recomendaciones sanitarias impulsadas a nivel global.
Quirno afirmó además que Argentina tiene “la capacidad sanitaria, técnica y la decisión política” para proteger la salud de su población sin depender de condicionamientos externos. También aseguró que el país continuará dispuesto a cooperar internacionalmente, pero “sobre la base de criterios científicos y técnicos” y con respeto por la soberanía de los Estados.
Desde la Casa Rosada, la salida de la OMS fue presentada como una decisión de soberanía nacional en materia sanitaria. El argumento oficial sostiene que Argentina debe conservar autonomía plena para definir sus políticas públicas de salud.
Ese planteo había sido anticipado por el vocero presidencial Manuel Adorni, cuando afirmó que los argentinos no permitirían que un organismo internacional interviniera en la soberanía del país, “mucho menos en nuestra salud”.
La medida también se inscribe en una línea política similar a la adoptada por Donald Trump, quien volvió a cuestionar el rol de los organismos multilaterales y reforzó una agenda de repliegue frente a instituciones internacionales.
El Gobierno justificó la decisión con fuertes críticas al manejo global de la pandemia. En su momento, Adorni sostuvo que la OMS, junto al gobierno de Alberto Fernández, había llevado al país al “encierro más grande de la humanidad”.
Ese diagnóstico fue retomado ahora por Quirno para defender el retiro del organismo. Para el oficialismo, la pandemia dejó una lección política: las decisiones sanitarias no deben quedar atadas a recomendaciones externas ni a organismos que, según la mirada libertaria, estuvieron atravesados por intereses políticos.
La salida de la OMS marca un gesto fuerte de política exterior y sanitaria. Para el Gobierno, se trata de recuperar autonomía. Para sus críticos, en cambio, la decisión puede debilitar los canales de cooperación internacional en materia de vigilancia epidemiológica, prevención, investigación y respuesta ante emergencias sanitarias.
El punto de fondo es delicado: ningún país define su política sanitaria en el vacío. Enfermedades, brotes, vacunas, medicamentos, información epidemiológica y alertas internacionales requieren coordinación entre Estados, aun cuando cada gobierno conserve soberanía sobre sus decisiones internas.
La Casa Rosada celebra la salida como una victoria política frente a los organismos internacionales. Pero la discusión recién empieza: el desafío será demostrar que esa autonomía proclamada no se traduzca en aislamiento, menor cooperación o pérdida de herramientas frente a futuras crisis sanitarias.