03/06/2026 - Edición Nº2737

Río Negro

Interna abierta en JSRN

Arabela Carreras volvió a cuestionar a JSRN: “Perdió la mística”

10:04 |La exgobernadora acusó al oficialismo rionegrino de perder compromiso territorial y pidió una renovación en la conducción provincial.



La exgobernadora Arabela Carreras volvió a sacudir la interna del oficialismo rionegrino con una crítica directa a Juntos Somos Río Negro, el espacio que ayudó a fundar y del que hoy se muestra cada vez más alejada. En declaraciones radiales, sostuvo que el partido “perdió la mística” y que el Gobierno provincial dejó de tener el nivel de presencia territorial que, según ella, caracterizó a la fuerza en sus primeros años.

El señalamiento no fue menor. Carreras apuntó al corazón del relato histórico de JSRN: la idea de un gobierno provincial cercano, pragmático y con capacidad de respuesta frente a los problemas locales. Para la exmandataria, esa identidad se debilitó. “Se ha perdido el compromiso con el ciudadano”, afirmó, y reclamó una mirada de mediano y largo plazo que vuelva a escuchar a los jóvenes y sus expectativas de futuro.

La crítica también tuvo destinatario político directo. Sin nombrarlo siempre de manera frontal, Carreras cuestionó la conducción de Alberto Weretilneck y sostuvo que “hace falta una renovación en la conducción del gobierno provincial”. La frase vuelve a exponer una fractura que ya no parece circunstancial: la exgobernadora no discute solo decisiones de gestión, sino el rumbo del oficialismo provincial.
 

La pérdida de presencia territorial
 

En su diagnóstico, Carreras comparó el presente del Gobierno con los primeros años de Juntos Somos Río Negro. Recordó que el espacio había llegado al poder con cambios “muy revitalizantes” y con una lógica de presencia inmediata ante los conflictos. “Donde había un problema, teníamos el Gobierno provincial en pleno; hoy esto no ocurre”, señaló.

La exgobernadora vinculó esa pérdida de reflejos con problemas concretos, como la situación sanitaria y la seguridad en Bariloche. “No tenemos una mirada sobre qué pasa en el hospital, la falta de insumos, la falta de respuestas. Hay como una orfandad en muchas ciudades”, sostuvo.

El concepto de “orfandad” resume el punto más incómodo para el oficialismo. No se trata solo de una crítica administrativa, sino de una acusación política: que el Gobierno dejó de estar donde antes buscaba estar, en el territorio, frente a las demandas cotidianas y con presencia directa del Ejecutivo.
 

Una crítica que viene de adentro
 

No es la primera vez que Carreras cuestiona el rumbo de JSRN. En enero ya había advertido que el partido “dejó de convencer en territorio” porque, a su entender, perdió el proyecto de transformación provincial y se convirtió en un espacio de poder personalista.

La nueva declaración profundiza esa línea. Aunque evitó entrar en la interna formal del partido tras la asunción de Rodrigo Buteler como presidente en reemplazo de Weretilneck, dejó claro que su preocupación no pasa por la estructura partidaria sino por la capacidad del Gobierno para dar respuestas.

“Son cuestiones partidarias de un partido al que ya no pertenezco”, dijo sobre los cambios internos. Pero enseguida volvió al eje de gestión: seguridad, hospitales, presencia del gobernador y respuesta estatal en las ciudades.
 

Carreras mira hacia la oposición
 

La exgobernadora también dejó una definición sobre su presente político. Dijo que está asesorando a figuras de la oposición que aspiran a ocupar la escena provincial, aunque evitó dar nombres. El dato agrega volumen a sus críticas: Carreras ya no aparece solo como una exdirigente desencantada, sino como una posible articuladora de alternativas al oficialismo rionegrino.

En ese marco, insistió en que la política debe volver a preguntarse “para qué” existe. “Muchas veces la política parece olvidar que su sentido es la cosa pública, el bienestar del pueblo”, planteó.

La intervención de Carreras llega en un momento delicado para JSRN, que intenta sostener cohesión interna mientras enfrenta desgaste de gestión, reacomodamientos opositores y una creciente disputa por el futuro del poder provincial. Su crítica pega precisamente ahí: en la mística perdida, en el territorio abandonado y en la necesidad de renovación que el oficialismo todavía no termina de procesar.