La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari provocó una conmoción inmediata en la cultura popular argentina. La noticia se expandió con fuerza en redes sociales, medios de comunicación, barrios y espacios de encuentro ricotero, donde el dolor individual empezó a transformarse rápidamente en una forma de duelo colectivo.
En la Comarca Viedma-Patagones, ese impacto tuvo una resonancia particular entre quienes hicieron de la obra de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota una bandera artística, afectiva y comunitaria. Uno de esos espacios es Criminal Mambo, la banda tributo local que desde 2012 homenajea la mística ricotera en escenarios de la región y de distintos puntos del país.
“Pasamos por unos cuantos escenarios, vivimos muchas experiencias, y nos pasaron unas cuantas cosas en este camino: nacimientos, muertes, alegrías, tristezas”, reflexionó Gabriel Pavelka, integrante de la agrupación.
Para Pavelka, el vínculo entre el público y la obra del Indio Solari no puede explicarse únicamente desde la admiración musical. En los encuentros ricoteros, sostuvo, aparece una dimensión poco habitual en estos tiempos: “magia, pasión, integración, solidaridad, conciencia crítica, respeto y sensibilidad”.
Ese recorrido también estuvo atravesado por pérdidas cercanas para la banda, como la muerte de un músico de la formación y de su escenógrafo. Desde ese lugar, Criminal Mambo reconoce en las canciones del Indio una forma de compañía para atravesar momentos difíciles, celebrar la vida y construir pertenencia.
El fenómeno, según Pavelka, plantea una pregunta profunda: cómo se procesa la muerte de un referente popular al que la mayoría no conoció personalmente, pero que muchos sienten como parte de su propia historia. En ese punto, trazó un paralelo con la partida de Diego Armando Maradona, otra figura capaz de provocar un dolor masivo y difícil de racionalizar.
“La partida de El Diego también resuena mucho en los relatos. Arrancó lágrimas de una buena parte del pueblo y del mundo sin que muchos pudieran explicar las razones en el momento”, señaló.
Para el músico, el golpe aparece porque esas figuras populares ingresan en zonas íntimas de la memoria colectiva. Sus canciones, sus gestos y sus palabras quedan asociadas a momentos personales, a vínculos, a pérdidas, a celebraciones y a formas de mirar el mundo.
La experiencia de Criminal Mambo no se limitó a los escenarios. En Viedma, la banda también llevó el universo ricotero a espacios comunitarios e institucionales. En barrios de la ciudad, trabajó junto a jóvenes en murales con frases como “si no hay amor que no haya nada” o “un corazón no se endurece porque sí”. También impulsó talleres en penales locales, donde las canciones funcionaron como disparadoras de conversación, memoria y reflexión.
“Innumerables anécdotas tendríamos para contar de las devoluciones que la gente nos hace cuando realizamos presentaciones, siempre por la vía del agradecimiento, el abrazo y la emoción”, relató Pavelka.
Desde personas atravesando situaciones difíciles hasta celebraciones por nacimientos, nuevos trabajos o recuperaciones de enfermedades, el músico sostuvo que las canciones del Indio Solari y Los Redondos alojan historias personales, tocan el cuerpo y producen un refugio emocional.
El propio Solari solía advertir que no podía hacerse cargo del lugar de referencia absoluta en el que parte de su público lo ubicaba. Sin embargo, sostuvo durante décadas una obra atravesada por una ética artística y política muy marcada. Sus intervenciones públicas, sus guiños a las luchas sociales y su defensa de la sensibilidad popular formaron parte de una relación singular con sus seguidores.
En Olavarría, durante su última misa ricotera de 2017, dejó una frase que volvió a circular tras su muerte: “los muchachos no nacen malos”. También advirtió que el Estado no podía ser penal antes que social, una definición que sintetiza parte de la mirada crítica que atravesó su obra.
Con el tiempo, ese legado fue tomando nuevas formas a través de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que mantuvo viva su música y permitió que nuevas generaciones siguieran encontrándose con ese cancionero.
Frente al vacío que deja su muerte, Pavelka planteó que el duelo convoca otra vez al lazo colectivo: hablar, escuchar, dar lugar a las emociones y salir de la individualidad hacia una forma de comunidad. Para él, allí aparece una de las claves del mundo ricotero: la diferencia entre una tribu que se reconoce y una masa anestesiada.
Mientras las Madres de Plaza de Mayo lo despidieron con la consigna “y viva la vida siempre”, las canciones del Indio Solari volvieron a sonar en plazas, calles y encuentros populares como una manera de resistir la desolación.
Desde Criminal Mambo, el mensaje hacia la comunidad ricotera de la Comarca Viedma-Patagones se resume en un abrazo fraternal y en la vigencia de una idea que hoy vuelve a operar como faro: en la resistencia también puede estar el valor de la vida.