El movimiento de derechos humanos y la sociedad argentina despiden a una de sus figuras más queridas y trascendentales. Este domingo 14 de junio de 2026, a los 95 años, falleció Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, conocida popularmente en todo el país como Taty Almeida. Como presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, convirtió su dolor en un motor de resistencia y lucha colectiva, transformándose en una referente indiscutida de las banderas de Memoria, Verdad y Justicia.
Su camino cambió de manera drástica el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro Martín Almeida, de entonces 20 años, militante del PRT-ERP y trabajador del Instituto Geográfico Militar, fue desaparecido por las estructuras del terrorismo de Estado previas al golpe formal de 1976. A partir de ese "mamá, ya vengo", Taty inició un periplo desesperado de casi 51 años que la llevó a confrontar a los jerarcas militares más poderosos de la época, exigiendo siempre "justicia legal" y jamás venganza.
Nacida en el seno de una familia de fuerte tradición castrense y antiperonista —su padre era teniente coronel y sus cuñados e integrantes directos pertenecían a las Fuerzas Armadas—, la propia Taty recordaba con profunda honestidad el giro ideológico y humano que experimentó a lo largo de su vida.
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo” — Taty Almeida, en su testimonio para el Archivo Oral de Memoria Abierta.
Debido a su entorno familiar, tardó un tiempo en sumarse formalmente a las Madres por el temor a que la consideraran una infiltrada. Sin embargo, al cruzar la puerta de la sede de la calle Lavalle y encontrarse con María Adela Gard de Antokoletz, comprendió que su tragedia era colectiva. A partir de allí, se convirtió en una de las principales voces en visibilizar que la represión clandestina del Estado había golpeado con fuerza antes del 24 de marzo de 1976.
Desde el año 2024, asumió la conducción institucional de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Pese a la edad y el desgaste físico, se mantuvo en la primera línea de la actividad política y social:
Presencia y movilización: Fue el alma y la cara visible de la histórica y multitudinaria movilización del pasado 24 de marzo, al conmemorarse el medio siglo del inicio de la última dictadura cívico-militar.
Articulación cultural y mediática: Coproducía el ciclo radial ¿Qué me contás? por la AM750 junto a integrantes de la agrupación H.I.J.O.S., espacio donde insistía en la importancia del recambio generacional y en pasarle la posta de la memoria a la juventud.
Reconocimiento académico: En abril de este año, recibió con profunda emoción el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad de Buenos Aires (UBA), rodeada de sus familiares y la militancia.
Taty convivió durante décadas con las poesías que su hijo Alejandro dejó escondidas en una agenda antes de ser secuestrado, textos que funcionaron como una despedida anticipada y un faro para su militancia posterior. Vivió hasta su último suspiro en el mismo departamento de Palermo desde donde vio partir a su hijo en 1975.
Fiel a su fuerte temperamento y su vitalidad, dejó expresamente organizado cómo quería que fuera su último adiós. Su cuerpo será velado y despedido en las instalaciones de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), el sindicato donde solía celebrar sus cumpleaños rodeada de trabajadores y afectos. Su partida física deja un vacío inmenso, pero su vozarrón seguirá resonando en cada marcha, recordando que los 30.000 desaparecidos están y seguirán estando presentes.
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