La elección de 2025 dejó a Río Negro partida en tres zonas políticas. La Libertad Avanza hizo pie fuerte en el Alto Valle, el peronismo sostuvo la cordillera y Juntos Somos Río Negro apenas conservó con claridad la capital provincial. Ninguno logró apropiarse de la provincia entera y esa es la clave del escenario que empieza a ordenarse hacia 2027.
En una elección de tercios, el problema no es solo cuánto conserva cada fuerza en su bastión, sino qué capacidad tiene para cruzar la frontera y entrar en el territorio del otro. El próximo gobernador no saldrá necesariamente del espacio que mejor cuide su base, sino del que consiga expandirse sin romperse en el camino.
Los números de octubre mostraron una provincia sin dueño. En la categoría senadores, el peronismo ganó con 34,2% y La Libertad Avanza quedó segunda con 29,47%. En diputados, el resultado se invirtió por una diferencia mínima: los libertarios se impusieron con 30,63% frente al 30,30% de Fuerza Patria. Juntos Defendemos Río Negro quedó tercero en ambas categorías, cerca del 26%.
Ese resultado dejó una señal política nítida: nadie tiene mayoría propia y todos tienen un problema de expansión.
La Libertad Avanza tiene el activo más potente: ganó el tramo de diputados en el Alto Valle, la zona más rica en votos de la provincia. En General Roca, se impuso con claridad en esa categoría, mientras que en Cipolletti el peso de Aníbal Tortoriello le permitió superar el 37% y dejar a Juntos segundo incluso en la cuna política de Alberto Weretilneck.
Pero esa fortaleza también es su trampa. Si LLA quiere ganar la gobernación en 2027, no le alcanza con repetir una buena elección valletana. Necesita dos movimientos simultáneos: ordenar su interna y cruzar hacia otros territorios.
Hoy conviven al menos dos polos libertarios: el sector de Enzo Fullone, con mayor lógica de armado territorial, y el de Tortoriello, que arrastra votos pero no necesariamente estructura política extendida. Si ambos caminos se separan, el voto libertario puede dejar de ser ganador antes de entrar a la cancha.
El segundo desafío es geográfico. LLA debe crecer en Bariloche, donde el peronismo sigue siendo competitivo, y en Viedma, donde quedó lejos del peso que mostró en el Valle. Para eso necesitará atraer intendentes, concejales y dirigentes de Juntos que ya miran hacia afuera, pero sin ofrecerles apenas otra interna como destino.
Su oportunidad está en convertir el voto libertario en una fuerza provincial. Su riesgo, en quedarse como un fenómeno intenso pero territorialmente incompleto.
El peronismo llega con una ventaja y un límite. Ganó la cordillera y mostró fortaleza en los tramos donde pesaron figuras propias, especialmente en la categoría senadores. En Bariloche, la ciudad con más electores de Río Negro, Fuerza Patria se impuso en el tramo de la Cámara alta. En Roca, donde perdió diputados, ganó senadores de la mano del apellido Soria.
Ese es su principal activo: tiene un electorado fiel y figuras capaces de ordenar voto. Pero también exhibe su problema histórico. Le cuesta sostener la adhesión cuando no hay un nombre fuerte encabezando la boleta y le cuesta todavía más abrir el frente hacia sectores que no vienen de la identidad peronista tradicional.
La unidad mínima parece hoy pasar por María Emilia Soria y Martín Doñate. La pregunta es si ese acuerdo interno alcanza para sumar por fuera. Sin apertura, el peronismo puede volver a ganar en sus zonas conocidas y perder el resto. Con apertura, es la fuerza que tiene un piso más sólido desde el cual crecer.
El dilema es político, no aritmético. Para ganar Río Negro, el peronismo necesita dejar de hablarle solo a los propios y construir una invitación más amplia, moderada y confiable para votantes que quieren cambio, pero no necesariamente una ruptura total.
El caso más complejo es el de Juntos Somos Río Negro. La fuerza provincial ganó con claridad solo en Viedma, donde conservó su bastión más visible. Fuera de la capital, el panorama fue de retroceso: quedó tercero en Bariloche, tercero en Roca y segundo en Cipolletti, el territorio simbólico del gobernador.
El desgaste de quince años de poder pesa. Educación, seguridad, rutas, funcionamiento del Estado y malestar económico empiezan a pegar sobre una marca que durante mucho tiempo se sostuvo como sinónimo de gestión provincial. El problema de Juntos ya no es solo sumar nuevos votos: primero debe evitar que se le sigan yendo los propios.
Weretilneck leyó temprano la lógica de los tercios y buscó ampliar con aliados como el PRO, Primero Río Negro, el ARI y la UCR. También ensaya una renovación con la figura de Rodrigo Buteler, intendente de Cipolletti. Pero la marca Juntos ya no tiene el rendimiento de otros ciclos electorales.
El oficialismo provincial necesita que Buteler sea percibido como algo nuevo, no como una continuidad maquillada. Y debe hacerlo rápido, antes de que dirigentes propios terminen cruzando hacia La Libertad Avanza, CREO u otros armados opositores.
El riesgo de Juntos es quedar atrapado entre dos fuegos: demasiado oficialista para captar voto de cambio y demasiado corrido hacia el mundo libertario para recuperar votantes que se fueron hacia el peronismo.
La cuenta final es simple. La Libertad Avanza debe unificar su oferta y expandirse más allá del Alto Valle. El peronismo debe abrir su frente sin romper su núcleo duro. Juntos Somos Río Negro debe retener lo que se le escapa y probar que puede renovar de verdad.
Los tres tienen una zona. Ninguno tiene la provincia. Por eso abril de 2027 se jugará en las fronteras: en Bariloche, si LLA logra quebrar el bastión peronista; en el Alto Valle, si el peronismo recupera competitividad abajo de la boleta o si Juntos vuelve a entrar en carrera; en Viedma, si el oficialismo logra que su último bastión no sea apenas una resistencia defensiva.
La certeza que dejó octubre es brutal para todos: en una elección de tercios, quedarse quieto equivale a perder. El premio será para la fuerza que se anime a cruzar su propio límite antes que las demás.