por Redacción
La caída del consumo de carne vacuna dejó de ser solamente una estadística nacional y comenzó a sentirse con fuerza en los mostradores de las carnicerías de Viedma. Un relevamiento realizado por Radio Noticias en distintos comercios de la ciudad mostró que la demanda se mantiene en retroceso desde comienzos de año y que las familias modificaron la manera de comprar.
El cambio más evidente es el abandono de la tradicional compra mensual. Los comerciantes aseguran que ahora predominan las compras “al día”, con cantidades cada vez más pequeñas y, en muchos casos, directamente definidas por el dinero disponible. “Lo que antes eran pedidos de dos kilos de carne picada, hoy pasaron a ser de un kilo o medio kilo, o directamente la gente pide por monto fijo, como $10.000, y se lleva lo que entra por ese dinero”, explicaron.
Ante el encarecimiento de los cortes tradicionales, los consumidores se inclinan por opciones rendidoras y con menor desperdicio. La carne picada, la pulpa y la aguja aparecen entre los productos más buscados, mientras que el asado perdió protagonismo y en algunos casos se vende solamente en pequeñas cantidades para resolver una comida puntual.
La lógica de compra también cambió: ya no se elige necesariamente el corte primero y se calcula después cuánto gastar. En muchos mostradores ocurre al revés: el cliente establece un monto y compra la cantidad de carne que puede llevar con ese presupuesto.

En este escenario, el pollo ganó terreno y se convirtió en una de las principales alternativas para las familias que buscan reducir el gasto. Las promociones de pata muslo, trozados, milanesas y otros productos avícolas permiten mantener el consumo de proteínas con un desembolso menor al de varios cortes vacunos.
Los comerciantes también ampliaron la oferta de productos elaborados, como supremas rellenas y diferentes preparados, para sostener las ventas. La estrategia busca adaptarse a un consumidor que compara precios, compra cantidades más pequeñas y prioriza aquello que puede incorporar al presupuesto semanal.
En las carnicerías relevadas, los precios mostraron diferencias menores entre los distintos locales. El asado ronda los $22.900 por kilo, mientras que el vacío alcanza los $23.900. Entre las alternativas más económicas, la aguja se ubica en $13.900, la carne picada común en $12.900 y la especial o seleccionada entre $14.000 y $15.000.
El menor movimiento también comienza a impactar sobre los propios comercios. Durante el relevamiento se detectó el cierre definitivo de algunas carnicerías tradicionales y el achicamiento o traslado de otros negocios hacia locales con menores costos fijos.
La postal de Viedma refleja así un cambio que va más allá de la elección entre carne vacuna o pollo: las familias compran menos, fraccionan las cantidades y ajustan cada compra al dinero disponible, mientras los comerciantes buscan sobrevivir en un escenario de menor consumo y costos que siguen presionando al sector.