por Luciano Barroso
En la noche del viernes, en un establecimiento gastronómico de la ciudad de Carmen de Patagones, nuevamente viví un hecho más que repudiable. Esta vez fue protagonizado por un intendente: el de Viedma, capital de Río Negro. Marcos Castro, junto con sus familiares, me increpó y agredió en la reconocida pizzería maragata.
Diferentes testigos estuvieron presentes en el momento del hecho. El jefe comunal viedmense se enojó porque ejerzo mi labor como periodista y conté hechos de conocimiento público en la ciudad, que se trasladaron a diferentes puntos de la provincia de Río Negro. Entre ellos, que Castro habilitó una licitación de baños modulares a la empresa de su cuñado, Nicolás Bambaci, y muchos detalles más que no voy a mencionar porque ya se conocen y están denunciados, además de ser objeto de pedidos de informes. Yo solo conté y seguiré contando lo que pasa, le pese a quien le pese. Estamos en democracia y el ejercicio de la libertad de expresión se respeta a rajatabla.
El hecho en el establecimiento gastronómico se desarrolló cuando me senté cerca de donde estaban Marcos Castro, su cuñado y algunos familiares más. No había otro lugar y, al sentarme, empecé a escuchar cómo murmuraban insultos hacia mi persona.
En un momento se levantaron todos los que estaban cenando y Bambaci me dijo que había que chequear la información. Lo hizo con insultos, junto con su hermana, pareja de Castro, quien también me insultó. Un poco más lejos estaba el señor intendente, quien, al ver la situación en la cual yo me quedé expectante y sorprendido, vino a increparme, como en cualquier situación de pelea. Lo tuvieron que frenar y también continuó insultándome desde lejos.
Se retiraron de la pizzería y se quedaron unos minutos en la puerta. Yo realmente no sé qué estaban esperando, pero todos me miraban a mí. Como cuando hay una pelea en la escuela y un pibe espera a otro para pelear. Bueno, algo así. Vergonzoso. Tuvo que salir el dueño del local para decirles que se retiraran. Hay testigos y, luego del hecho, hice una denuncia penal contra el intendente de la ciudad de Viedma.
Lo más sorprendente no es que un dirigente político, intendente, diputado, gobernador o quien fuera se enoje con un periodista. Lo trágico de esta situación es que venga a increparme en un lugar público. Creo que la situación ya es más que sorprendente. Espero ansiosamente las palabras de Marcos Castro sobre lo ocurrido, que fue visto por mucha gente, y tendrá que dar sus propias declaraciones. Lo invito a que hablemos sobre por qué actúa de determinada manera.
Yo no voy a permitir más una amenaza. El año pasado, por ejercer mi labor periodística, el gobernador Alberto Weretilneck me echó de mi puesto laboral en el Estado de Río Negro. Luego, por diferentes publicaciones en medios masivos de comunicación, sufrí distintos aprietes y amenazas. No son hechos aislados.
Si al poder le molesta la realidad, me parece que ciertos políticos tendrían que hacer las cosas bien y no ensuciarse. Creo que no estarían tan enojados con la prensa cuando, con todo derecho y en pleno ejercicio de la democracia, investiga y difunde lo que realmente contempla su labor.
Basta de amenazas. Basta de amedrentar a la prensa. En Río Negro ya les viene sucediendo a diferentes colegas, frente a un gobierno provincial que está desesperado por manipular la información. En esta oportunidad fue el intendente de la capital provincial, quien además es vicepresidente del partido oficialista que gobierna.
No pasa por una cuestión partidaria. Pasa que, en esta oportunidad, todo viene desde el oficialismo. Que esto sirva para todos y todas: no se puede salir a patotear, increpar y amenazar a periodistas por el simple hecho de ejercer su labor. Gobiernen bien, hagan las cosas bien, para que el periodismo no tenga motivos para investigar y difundir hechos de corrupción