por Redacción
El conflicto de la semana en la Comarca Viedma-Patagones tuvo su capítulo de análisis el viernes por la noche en el streaming de Viernes de Rosca (VDR), donde el streamer Tomás Verney dedicó un bloque completo al cruce entre el intendente de Viedma, Marcos Castro, y el periodista local Luciano Barroso, y a la reacción comunicacional que llegó desde el entorno del municipio en los días siguientes.
El episodio que originó todo ocurrió, según la reconstrucción que se hizo al aire, en un restaurante de Carmen de Patagones. Barroso —periodista de Comarca News, Austral News, Letra P y Página 12, según lo consignó el propio Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) en su comunicado sobre el caso— quedó ubicado cerca de la mesa donde cenaba el intendente con su familia.
A partir de ahí, las versiones se separan. El periodista sostiene que hubo un apriete vinculado a sus notas sobre la gestión municipal; el entorno del intendente afirma que los hechos no sucedieron de ese modo y que Castro reaccionó ante provocaciones, molesto porque una nota previa de Barroso había dado a conocer su domicilio y, a raíz de eso, sus hijos venían recibiendo agravios de terceros.
Lejos de tomar partido de manera automática, el conductor marcó los dos costados. Por un lado, cuestionó al oficialismo municipal: “Hubiesen hecho la licitación un poco más transparente. Se equivocaron, tienen que asumir que se equivocaron”.
Por el otro, fue tajante con la escalada: “No justifica violencia para nada”.
El pasaje más filoso llegó cuando apuntó contra la autopercepción del espacio que gobierna Viedma, alineado a Juntos Somos Río Negro.
“Dejen de decir que son buenos porque no son buenos, y no tienen por qué ser buenos”, lanzó, en lo que fue el eje de todo su análisis.
“Tienen contradicciones como las tenemos todos los humanos.”
Durante el bloque, Verney recurrió además a montajes hechos con inteligencia artificial con fines de ironía, y aclaró expresamente al aire, en más de una ocasión, que se trataba de imágenes falsas y que los hechos allí representados nunca ocurrieron.
“Está generada con IA, nunca pasó, pero sirve para hacer una ironía”, explicó sobre uno de esos recursos, antes de rematar con una de las frases más comentadas de la noche: que había “roto la política, la sociedad y el periodismo con una suscripción free de ChatGPT”.

El tramo de mayor densidad política llegó cuando el conductor puso el foco en cómo circula —o no— la información sobre el poder local.
Según planteó, el oficialismo provincial y municipal está “muy mal acostumbrado a estar blindado por los medios”, con “un montón de periodistas y medios que abogan por la postura de Juntos Somos Río Negro”.
En ese esquema, ubicó a VDR entre los que trabajan “a pulmón” para “contar la otra cara”.
Buena parte del bloque se dedicó a la publicación que difundió en redes María Eugenia Serra, jefa de gabinete de Castro: un texto contra la “violencia digital”, encabezado por la frase “mi cuerpo no es cuestión de Estado” y cerrado con el hashtag “No es escrache, es violencia”.
Verney fue cuidadoso en un punto de arranque: si Serra recibe ataques por su condición de mujer, eso es repudiable sin matices.
Pero marcó lo que consideró el problema de fondo del mensaje: la ambigüedad del sujeto.
“Queda desdibujado el sujeto de esa violencia. ¿Quién? ¿Las mujeres? ¿Las personas en puestos de poder? ¿Dónde sucede esa violencia? ¿Por qué medios?”, planteó.
La objeción, en el fondo, apuntó a que el texto funde en una sola palabra —“violencia”— dos planos distintos: los eventuales ataques por su género, que nadie discute, y las críticas a la gestión, que quedan así teñidas y blindadas.
El detalle no menor, según remarcó, es el momento elegido: la publicación llegó tres días después del altercado del intendente con un periodista en una pizzería, en una semana atravesada por comentarios negativos sobre la gestión.
“Parece que estás acusando al periodista de tener una granja de bots justo en la semana en que casi se van a las trompadas”, apuntó.
El conductor contó además que le pidió precisiones a la funcionaria y que ésta le respondió que el hostigamiento “pasa hace tiempo” y que no tiene relación con el episodio de la semana, atribuyéndolo a “gente con nombre y apellido que administra grupos”.
El cierre fue un consejo con forma de crítica a la gestión.
“Están proyectando un nivel de impotencia tremendo y atacando de una forma rara”, señaló, para reclamar que el municipio comunique de una vez su plan de gobierno a un año del recambio:
“¿Qué van a hacer con la movilidad en la ciudad? ¿Qué van a hacer con la integración de la gente que viene a estudiar a las universidades de Viedma? ¿Cuál es el plan?”.
Y dejó una postal del recorte territorial que, dijo, el oficialismo suele olvidar:
“Los barrios no son solo el Belgrano, el Mitre y el Fátima. Hay más barrios fuera de los cuatro bulevares”.
El planteo, en el fondo, excede el episodio de la pizzería: es la pregunta por un plan de gobierno que, a un año del recambio, el municipio todavía no termina de comunicar.