por Redacción
El gobierno de Alberto Weretilneck volverá a sentarse con la UnTER el miércoles 14 de octubre en la Secretaría de Trabajo, en Viedma. La convocatoria llega después de que el gremio docente quedara afuera de la instancia anterior y reclamara la apertura de una mesa salarial con acciones en distintas ciudades de Río Negro. El regreso a la negociación modifica ese escenario, pero deja pendiente la cuestión principal. El Ejecutivo deberá responder a los pedidos de recomposición de los ingresos y a una agenda de demandas que excede el sueldo.
La jornada incluirá también negociaciones con ATE y UPCN, por separado de la audiencia docente. Para el oficialismo, la coincidencia concentra varios frentes sindicales en una semana y obliga a administrar reclamos con interlocutores diferentes. La UnTER llegará con una exigencia de salario inicial de $3 millones y con cuestionamientos por la situación de las jubilaciones. Weretilneck recupera una instancia de diálogo, aunque el resultado dependerá de las propuestas que presente su administración y de la respuesta que encuentre entre los trabajadores.
La exclusión de la convocatoria anterior había desplazado el conflicto hacia una discusión previa a los números. El gremio tuvo que reclamar su participación antes de poder debatir una recomposición salarial. Esa decisión oficial agregó tensión a una relación atravesada por demandas pendientes y motivó acciones en toda la provincia. Ahora, el Gobierno deberá afrontar una negociación que llega precedida por ese desacuerdo y por la presión docente para recuperar un ámbito formal de discusión.
La semana pasada, ante la posibilidad de una nueva reunión de la Mesa de la Función Pública, la UnTER presentó notas en las delegaciones de Trabajo. El sindicato exigió “una convocatoria urgente a paritaria” y respuestas sobre jubilaciones y otros reclamos del sector. La iniciativa extendió el planteo a distintas localidades y convirtió a las dependencias provinciales en receptoras de una misma demanda. El pedido buscó que la discusión docente tuviera un lugar propio dentro de la agenda salarial del Ejecutivo.
La nueva convocatoria permite llevar esos planteos a la mesa, pero todavía no anticipa un acuerdo. Para el gremio, el encuentro será una oportunidad de exigir definiciones sobre los ingresos y los asuntos que continúan sin resolución. Para el Gobierno, representa la posibilidad de encauzar una tensión que su decisión anterior había profundizado. El cambio de escenario deberá sostenerse con respuestas concretas si el oficialismo pretende que la reapertura del diálogo tenga consecuencias más allá de la reunión.
La UnTER promueve un salario inicial de $3 millones y reclama aumentos para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Ese monto constituye la demanda sindical con la que llegará a la audiencia y marca uno de los puntos centrales de la negociación. No hay un acuerdo anunciado sobre esa cifra. El miércoles deberá quedar expuesta la distancia entre lo que pide la representación docente y lo que el Ejecutivo está dispuesto a ofrecer para recomponer los haberes.
La discusión no se agotará en un porcentaje. Los plazos de aplicación, los componentes del salario alcanzados y la forma de liquidar una eventual mejora determinarán su efecto sobre el bolsillo docente. Una propuesta puede mostrar un incremento nominal y, al mismo tiempo, resultar insuficiente frente al deterioro que denuncia el sindicato. Por eso, la evaluación gremial dependerá de las condiciones completas de la oferta y de su capacidad para responder al reclamo de recuperación salarial.
Para Weretilneck, la negociación tendrá un costo político que irá más allá de las cuentas provinciales. Su administración deberá explicar qué prioridad asigna a los ingresos docentes y qué margen ofrece para atender la demanda. La UnTER tendrá, a su vez, que evaluar la propuesta y definir su posición frente al Gobierno. La convocatoria abre ese proceso, pero la posibilidad de un acercamiento dependerá del contenido de la discusión y de los compromisos que asuman las partes.
El sindicato también reclamó respuestas frente a la situación de las jubilaciones docentes. La incorporación de ese asunto muestra que una eventual mejora salarial no resolvería toda la agenda presentada ante Trabajo. El gremio pretende que la audiencia permita abordar cuestiones que afectan tanto a quienes continúan en actividad como a quienes buscan completar su retiro. El Ejecutivo deberá precisar qué respuestas puede ofrecer y qué organismos tienen responsabilidad sobre los trámites y las demandas planteadas.
La acumulación de reclamos obliga al Gobierno a coordinar decisiones que no necesariamente dependen de una misma área. Para que la negociación produzca resultados, los compromisos deberán tener responsables identificados y plazos de cumplimiento. De lo contrario, la reunión puede terminar con una nueva enumeración de asuntos pendientes. La UnTER llegará con ese antecedente y tendrá que evaluar tanto la respuesta salarial como el tratamiento que reciban las demás exigencias de la docencia rionegrina.
El miércoles pondrá a prueba la capacidad de Weretilneck para reconstruir la interlocución con el gremio después de haberlo dejado fuera de la convocatoria anterior. La UnTER vuelve con un reclamo salarial definido y una agenda que el Gobierno todavía debe responder. El oficialismo tendrá la oportunidad de reducir la tensión mediante compromisos verificables. Si la audiencia no ofrece avances, la reapertura de la paritaria dejará intacto el conflicto que llevó a los docentes a reclamar en toda la provincia.